CAPÍTULO 20: CONCEPTOS GENERALES. ASPECTOS PRINCIPALES COMUNES. DISMINUCIÓN DE LA FATIGA. MEJORA DEL RENDIMIENTO.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ERGONOMÍA

De las técnicas aplicadas a la Prevención de Riesgos Laborales, actualmente se está utilizando la Ergonomía como técnica multidisciplinar dedicada a examinar las condiciones de trabajo con el fin de lograr la mejor armonía posible entre el hombre y el entorno laboral, consiguiendo también unas condiciones óptimas de confort y eficacia productiva. La Ergonomía como ciencia no surge espontáneamente sino que ha sido el fruto de una larga evolución, desarrollándose mediante el análisis de situaciones de trabajo, buscando una adaptación del puesto de trabajo y el ambiente que lo rodea al hombre que ejecuta un trabajo.

En el proceso de formación de la Ergonomía, cabe destacar que los métodos habituales fueron los de Análisis del Trabajo, es decir, procedimientos basados en observaciones más o menos sistematizadas que permiten adoptar decisiones de aplicación en función de una serie de reglas y recomendaciones empíricas basadas en una lógica natural. Esta hipótesis inicial no es válida en el caso de unos sistemas nuevos, cuyas condiciones operativas no han podido ser observadas jamás y para las que no han podido establecerse estas reglas y recomendaciones.

La aplicación de conocimientos basados en la experiencia, a los problemas del trabajo es tan antigua como el trabajo en sí, y podría decirse que se remonta a la fabricación de las primeras herramientas. Por ejemplo, las formas, el peso de los martillos, eran función de las características de la materia trabajada (madera, piedra, hierro,…) y del efecto buscado (precisión, fuerza,…) y dependientes de las de los hombres que los manejaban (dimensión de la mano, potencia muscular, control del peso,….). Ya en la antigüedad, los científicos han analizado las actividades humanas para comprenderlas, reducir su penosidad, mejorar su rendimiento. Así por ejemplo, Leonardo da Vinci en sus «Cuadernos de anatomía» (1498) investiga sobre los movimientos de los segmentos corporales y se le puede considerar como el precursor directo de la moderna biomecánica. Igualmente los análisis de Alberto Durero recogidos en «El arte de la medida» (1512) sirvieron de inicio a la moderna antropometría; incluso Juan de Dios Huarte en su «Examen de ingenios» (1575) busca la adecuación de las profesiones a las posibilidades de las personas.

Pero es a partir de la llamada Revolución Industrial, cuando se realizan las primeras investigaciones científicas en este campo. Fue a partir de la Revolución Industrial, cuando surge la exigencia de adaptación de los hombres a las nuevas y complejas máquinas. Ello puso de manifiesto la importancia de los factores humanos ya que, tal y como sigue diciendo este autor, «en sistemas complejos, donde parte de las funciones clásicamente ejecutadas por el hombre han podido ser sustituidas por máquinas, una incorrecta adaptación de las funciones humanas puede invalidar la fiabilidad de todo el sistema».

En esta etapa histórica no sólo se tenían en cuenta los factores físicos del hombre, sino también los fisiológicos y dimensionales que han tenido una función decisiva en el diseño de las máquinas.

Aunque ya en 1829 Dupine defendía la necesidad de ajustar las herramientas al hombre y no el hombre a las herramientas, y Karl Marx había denunciado en 1850: «la deshumanización del trabajo», en el que la máquina imponía su ritmo, durante toda esta etapa, el criterio básico de todos los estudios era solamente el de la eficacia mecánica; razón por la que como dice Laville, «bajo este patrón tecnocrático de conducta, un obrero, por ejemplo, tendrá que ajustar sus músculos, sus reflejos, su estatura, su envergadura y posición, sus brazos y manos a la altura, tamaño y condiciones de la máquina».

Esto explica la utilización durante toda esta etapa de la denominada «Human Factors Engineering» o «Ingeniería del factor humano», para definir los estudios sobre los procesos de trabajo, como respuesta científica a los problemas que planteaban los sistemas de organización industrial imperantes sobre todo en los Estados Unidos y en los que convergen investigaciones tanto en el campo de la biología, como de la fisiología del trabajo, la ingeniería, y la biomecánica del trabajo, dando lugar a la llamada «organización científica del trabajo».

Fue Taylor, quien se ocupó del estudio científico del trabajo, cuando a finales del pasado siglo comienza a analizar la organización del trabajo en los talleres mecánicos. Como es natural, estos talleres ya tenían una organización establecida; pero fue el primero que sometió a análisis esta organización, comprobando si las operaciones, se realizaban y ejecutaban de la manera más económica posible; es decir, si la relación entre la energía empleada y los resultados obtenidos podía hacerse mayor utilizando un nuevo procedimiento que con los métodos establecidos.

Sus primeras investigaciones datan de 1878 orientándose a individualizar, de entre el conjunto de movimientos que integran una tarea, cuáles de ellos no son necesarios, pudiendo suprimirlos, bien mediante adiestramiento del personal o con la mejora de las condiciones de trabajo. A continuación determinó, mediante numerosas experiencias con distintos tipos de trabajo, el ritmo más adecuado para alcanzar el rendimiento máximo, así por ejemplo, manejando piezas con un peso de 45 Kgs. cada una de ellas, el obrero no debe soportar la carga más de un 43% de la jornada. Posteriormente, centró su atención en la fijación de las dimensiones más adecuadas de algunos útiles de trabajo, para lograr el máximo rendimiento, determinando por ejemplo que en el paleo de materiales, el máximo rendimiento se logra utilizando palas con una capacidad de carga de 1/4 Kg.

El más importante de sus continuadores es F. B Gilbreth que sistematizó el estudio de movimientos y tiempos estableciendo los diagramas de procesos, en los que mediante símbolos convenidos, se representa el desarrollo de cada operación, con las diversas variables de las que depende el rendimiento en el trabajo. El análisis consistía en el estudio de los movimientos que realizaba el obrero, los trayectos que seguían los materiales que utilizaba, la colocación y tipo de las herramientas, etc., llegando a la conclusión de que existe un número óptimo de movimientos para cada trabajo, mediante los cuáles se obtiene el máximo de eficacia en el menor tiempo posible.

Con estos estudios, se establece la organización científica del trabajo como ciencia, ampliando el campo de estudio al análisis de muy variados problemas relacionados con la simplificación y racionalización del trabajo. Consecuencia de estas investigaciones fue la implantación y desarrollo de la producción en serie y el trabajo en cadena, en los que el operario pasa a ser considerado como parte integrante de la propia máquina; se prescinde de su condición humana y queda equiparado a una pieza más del motor que produce.

Efectivamente, la característica principal de esta organización científica del trabajo es instaurar normas rutinarias acordes con el ritmo regularizado y recurrente que asumen los movimientos del individuo, en gran parte adaptado a las necesidades de la máquina y no a la inversa.

El taylorismo y sus escuelas teóricas relacionadas, han sido criticadas durante la mayor parte de su existencia», y a veces tan ingeniosamente como lo hizo Chaplin en su película «Tiempos modernos».

Muchos de los aspectos negativos, producidos por esta subordinación total del hombre a la máquina se pusieron de manifiesto con la Primera Guerra Mundial. Se generaliza el uso de nuevos tipos de máquinas bélicas, como tanques y aviones, que en general eran diseñados de modo que se obtuviera una eficiencia mecánica máxima pero que exigían prolongados períodos de entrenamiento para conseguir que los hombres se adaptasen a su complejo, incómodo y peligroso manejo.

No obstante, tras esta guerra, y quizás debido a ella, la opinión pública empezó a sensibilizarse por los aspectos fisiológicos de las condiciones de trabajo: esfuerzo físico agobiante, nivel de ruido y de calor insoportables, aceleración de los ritmos, deterioro de las condiciones de higiene y de seguridad, etc., apareciendo una creciente preocupación por el individuo. Lógicamente y como dice Gustavsen, «los primeros esfuerzos por dar a estos conceptos una expresión práctica, se centraron en la industria a nivel de centro de trabajo, con objeto de cambiar los criterios de diseño de los puestos de trabajo».

En consecuencia, se empezó a considerar que el hombre no es una simple prolongación de la máquina, sino que forma, junto con ella, un «sistema» en el que se integran tanto los elementos materiales del puesto de trabajo, como el conjunto de factores humanos. Con ello y aún bajo una perspectiva mecanicista se trata de establecer la relación existente entre las condiciones de trabajo y el rendimiento a través de la medición de la «fatiga», a fin de llegar a establecer «las cargas fundamentales que rigen la eficacia humana».

Así por ejemplo, el francés Ch. Bedaux definió la cantidad de trabajo que el hombre normal podía efectuar por minuto en una jornada de 8 horas sin perjudicar su salud, con la que la unidad de medida del trabajo humano pasó a ser de 60 «Bedaux» a la hora, igualmente en los Estados Unidos hacia los años 20 se fundó el «Industrial Fatigue Research Board» (Consejo para el Estudio de la Fatiga en la Industria).

De otra parte y aunque ya en 1913, Hugo Munsterberg había publicado un libro titulado «Psicología y eficiencia industrial» y existía el «National Institute of Industrial Psychology» (Instituto Nacional de Psicología Industrial), los factores psicológicos no empezaron a tomarse en consideración hasta que en 1927 Elton Mayo inició sus investigaciones en los talleres de Howthorne de la Western Electric Company con el propósito de poner en claro bajo qué condiciones de trabajo podría elevarse la producción, y que duraron 12 años.

Se modificó la iluminación o la duración de las pausas de descanso, y se observaron los cambios en el comportamiento y en la productividad de los trabajadores. Con ello, pudo demostrarse que el trabajador se involucra tanto material como mentalmente en su trabajo, razón por la que han de tenerse en cuenta no sólo los factores físicos y fisiológicos, sino también los psíquicos a los que responde en su mayor parte el comportamiento humano.

La historia más reciente de la Ergonomía comienza en EE.UU. tras la Revolución Industrial. Se desarrolla, bajo el nombre de «Human Factors», todo un conjunto de estudios sobre los aspectos físicos y comportamientos psíquicos del ser humano en el trabajo que culminan en 1929 con la creación del «Industrial Health Research Board» (Consejo para el Estudio de la Sanidad Industrial) que contaba entre su personal investigador con psicólogos, fisiólogos, médicos e ingenieros. Ello refleja este nuevo y creciente protagonismo de los factores humanos en el ámbito del trabajo industrial, ámbito que se verá superado ya en 1940 con motivo del inicio de la II Guerra Mundial, ya que con ella, apareció una nueva categoría de máquinas, máquinas que no demandaban esfuerzo muscular de su operador sino más bien capacidades sensoriales, perceptivas, de juicio y para tomar decisiones. Es en el campo de la aviación militar, donde en un plazo de seis años se pasó del biplano de madera monomotor a los primeros modelos de avión a reacción dotados de complejos sistemas de navegación y armamento. El control y manejo debía llevarse a cabo en situaciones especiales de altura y velocidad, poco adecuadas a las condiciones del ser humano.

Por vez primera, equipos de médicos, ingenieros y psicólogos trabajan conjuntamente para el ejército al hacerse evidente que el potencial de los equipos militares, no era aprovechado en su totalidad por sus operadores y a los que, por exigencias de la guerra, no era posible entrenar de forma prolongada. Se prefirió modificar el diseño de modo que se adaptaran mejor a las características tanto físicas como psíquicas del operador. En esta época, el estudio del rendimiento humano y de las relaciones hombre-máquina adquirió un gran impulso. También en esta época se empezaron a incorporar las aportaciones provenientes de los estudios sobre anatomía y fisiología funcional, procedentes del campo de la psicofisiología experimental, perceptiva y cognitiva.

Sobre estas experiencias y una vez finalizada la guerra se produjo un renovado interés por las condiciones en que el ser humano desarrolla su trabajo pero desde un nuevo enfoque, al considerar que la relación hombre-máquina-ambiente es una relación interactiva en la que los tres elementos han de ser vistos como componentes de un mismo sistema, con lo que el objeto de estudio pasará a ser el hombre en actividad o los intercambios reguladores entre el entorno laboral y el trabajador.

La primera aproximación al concepto de Ergonomía suele ser la etimológica, dado el evidente origen griego del término. Los dos vocablos «ergos» (trabajo) y «nomos» (ley o norma), de que deriva, confieren a este término un significado específico que sigue siendo válido a pesar de las modificaciones que su contenido ha sufrido. Surge asi el término Ergonomía, apareciendo por vez primera en 1857, en un libro titulado «Compendio de Ergonomía o de la ciencia del trabajo basada en verdades tomadas de la naturaleza» escrito por el polaco Wojciech Jastrzebowki, y del que seguramente lo tomó el psicólogo inglés Hywel Murrel para denominar la primera organización especializada, la «Ergonomics Research Society», constituida en 1949 por un grupo interdisciplinar de expertos británicos y cuyo objetivo era el emprender estudios e investigaciones sobre los problemas del trabajo humano. Murrel, que puede ser considerado el «inventor» de la Ergonomía, la definió como «el conjunto de los estudios científicos de la interacción entre el hombre y su entorno de trabajo».

Mientras que en Norteamérica, y bajo la denominación genérica de «Human Factors» todos los estudios se han orientado a mejorar los procesos laborales en sí mismos, en Europa, y bajo la denominación específica de «Ergonomía», el objetivo básico es la mejora de las condiciones en que el hombre se desenvuelve en su entorno laboral.

Como afirma Wisner, «el movimiento europeo que adopta el nombre de Ergonomía se distingue esencialmente de los trabajos americanos de la Human Enginering» por la adopción de un doble criterio: el de productividad y el de carga de trabajo». Según puede comprobarse simplemente comparando el diferente objetivo a cubrir por este tipo de estudios:

Según los americanos Woodson y Conover, se trata de «una tentativa de aproximación a los problemas que se presentan en la concepción y la realización de los objetos utilizados por el hombre, que tiene por objeto el permitir al futuro usuario, una mayor eficacia y una menor posibilidad de error en la utilización de estos objetos».

La Ergonomía desarrollada en el sur de Europa, es «el conjunto de conocimientos científicos relativos al hombre y necesarios para concebir útiles, máquinas y dispositivos que puedan ser utilizados con la máxima eficacia, seguridad y confort».

Por tanto, a la Ergonomía le preocupan los aspectos cualitativos de la actividad y no sólo los cuantitativos del trabajo, ya que cada día se comprende mejor que el diseño y disposición de herramientas, equipo y lugares de trabajo, así como el control de las condiciones ambientales (ventilación, ruido, iluminación, temperatura, etc.), e incluso la organización de los propios procesos operativos a realizar (postura y atención requerida, tiempos y secuencias de actuación, carga y estrés producido, etc.) más adecuadas, contribuye de manera considerable al bienestar y rendimiento de los trabajadores al reducir la fatiga física y la tensión nerviosa.

La Ergonomía en el marco preventivo no trata de modificar al hombre sino sus condiciones de trabajo y se orienta principalmente a la protección del trabajador, no al aumento de la producción, razón por la que en la Ergonomía se valoran los aspectos subjetivos del hombre; mientras que los Human Factors se limitan al estudio de sus aspectos objetivos. Para el fisiólogo Scherrer, «se podría decir que la Fisiología y la Psicología del trabajo estudian la adaptación del hombre a su tarea, sin embargo, la Ergonomía tiene por fin modificar ésta y obtener las condiciones óptimas de la actividad»; pudiéndose decir que en tanto que los Human Factors determinan las condiciones mínimas del «nivel de seguridad» en el trabajo, la Ergonomía en cambio establece las condiciones máximas de «nivel de calidad» en el trabajo. Ergonomía e Ingeniería humana no son sinónimos, por cuanto en la primera el objetivo último es el bienestar global del hombre, mientras que en la segunda sólo lo es su capacidad productiva.

Se plantea así el dilema de si debe adaptarse el hombre al trabajo, o el trabajo al hombre. En otros términos y como dice Marcolli, «si se estudian los objetos y las máquinas adecuadas a la fisiología humana a fin de que el hombre se adapte al trabajo, para un mayor rendimiento y una mejor prestación, para un aumento, por consiguiente, de la productividad industrial, o bien que el trabajo se adapte al hombre, a la medida humana, y asuma, por tanto, significados más humanos», considerando, como lo hace Peters, que «los medios de trabajo ideados y creados con perfección ergonómica ayudan a evitar daños a la salud y sus negativas consecuencias económicas».

La aplicación básica de la Ergonomía es concebir y modificar los puestos de trabajo en función de las capacidades de los operarios y de su comportamiento en el trabajo. La Agencia Europea para la Productividad, dependiente de la organización para la Cooperación Económica Europea, más tarde convertida en la «Organización para Cooperación y Desarrollo Europeo» (O.C.D.E.) estableció en 1955 una sección de «Factores Humanos para el estudio de la Adaptación del trabajo al trabajador» cuyas primeras conclusiones fueron presentadas en el año 1957 en Leiden (Holanda) donde se planteó la necesidad de alguna clase de organización que pudiera continuar y extender la cooperación internacional en este campo, lo que tuvo lugar en París el año 1958, en que se toma la decisión de crear la «Asociación Internacional de Ergonomía», cuyo I Congreso tuvo lugar en Estocolmo en 1961.

En todo caso y aunque se trate de enfoques distintos lo cierto es que, tanto si hablamos de Factores Humanos como si lo hacemos de Ergonomía su finalidad consiste en estudiar las interrelaciones hombre-máquina, la «adecuación» entre las dimensiones y capacidades del ser humano y las máquinas que éste construye para que le ayuden», razón por la que, durante mucho tiempo el ámbito de la Ergonomía, al igual que el de los Factores Humanos, ha estado reducido, como señalan los rusos Munipov y Zinchenko dicen, «a la optimización multidimensional de la actividad laboral», e incluso actualmente y para muchos, desde una visión simplista y parcial, éste sigue siendo su exclusivo campo de aplicación.

Si la Ergonomía resulta de términos como equipo o máquina, puede actualmente hacerse extensiva a todos los instrumentos utilizados por las personas para realizar cualquier tarea. Todo puede entrar en el amplio concepto de «objeto-herramienta», cuyo diseño y realización debe llevarse a cabo en función de los factores ergonómicos que establecen sus relaciones con el hombre que las va a utilizar».

Los resultados obtenidos en el campo militar, permitieron no sólo reforzar la importancia de la Ergonomía como tal, sino que amplió su ámbito de actuación. Esto dio lugar en la década de los 50 a intervenciones en el campo del Diseño Industrial, en la que las posibles soluciones a aportar debían estar científicamente justificadas, probadas y modificadas antes de su fabricación. En la década inmediatamente después de la

Segunda Guerra Mundial, los más destacados diseñadores del momento empezaron a potenciar la investigación empírica de la función. Estaban en la creencia de que un producto agradable de manipular contribuye al bienestar general, incorporándose así el uso y aplicación de la Ergonomía al diseño de todo tipo de objetos, artefactos y equipos de uso común, para adecuarlos a las características, necesidades y limitaciones del previsto usuario.

Ya no eran sólo los ingenieros quienes concebían ergonomicamente el ámbito laboral y las máquinas-herramientas para mejorar los procesos de producción industrial, también los diseñadores y arquitectos aplicaban la Ergonomía en la concepción de los objetos y espacios de uso cotidiano. Se inicia así una ampliación de la Ergonomía, en la que se alcanza ya un ámbito global de aplicación extendido a la totalidad del entorno habitable en un loable afán de elevar el nivel de calidad de vida del hombre.

DEFINICIÓN DE ERGONOMÍA

No existe una definición única de Ergonomía, pero todas las conocidas y que aquí se citan, tienen en común, al menos como filosofía básica, tratar del estudio del hombre en actividad laboral, su relación con los instrumentos y las máquinas que utiliza en un medio físico que no siempre está adaptado.

Considerando lo ya mencionado, la mayor parte de las múltiples y variadas definiciones que del concepto de Ergonomía podemos encontrar en la bibliografía especializada se centran en el limitado campo de lo laboral; y así por ejemplo:

Para Murrel (1965) «la Ergonomía es el estudio del ser humano en su ambiente laboral».

Glosario ergonómico de la acción comunitaria ergonómica: La Ergonomía es la rela­ción entre el hombre y su trabajo, sus equipos y su ambiente y en particular, la aplicación de los conocimientos anatómicos, fisiológicos y psicológicos a los problemas que engendra esta relación.

Grandjean (1969) la considera como «el estudio del comportamiento del hombre en su trabajo».

Para Faverge (1970) «es el análisis de los procesos industriales centrado en los hombres que aseguran su funcionamiento».

Según Montmollin (1970) «es una tecnología de las comunicaciones dentro de los sistemas hombre-máquina».

Para Cazamian (1973) «la Ergonomía es el estudio multidisciplinar del trabajo humano que pretende descubrir sus leyes para formular mejor sus reglas».

Igualmente ocurre en aquellas otras definiciones elaboradas con un carácter más general por organismos e instituciones como puede comprobarse en las de la

Organización Internacional de Normalización (ISO) que definía en 1961 la Ergonomía como «la aplicación de las ciencias biológicas del hombre, junto con las ciencias de ingeniería, para lograr la adaptación mutua óptima del hombre y su trabajo, midiéndose los beneficios en términos de eficiencia y bienestar del hombre».

El Ministerio de Trabajo de nuestro país la define (1974) como la «Tecnología que se ocupa de las relaciones entre el hombre y el trabajo».

O la propia Real Academia Española que en la última edición de su diccionario (1992), la define como «el estudio de datos biológicos y tecnológicos aplicados a problemas de mutua adaptación entre el hombre y la máquina».

En la década de los 80 se formularon definiciones como es el caso de PHEASANT según el cual la Ergonomía busca «acomodar el lugar de trabajo, al sujeto y el producto al usuario», y especialmente McCORMICK para el que, de una forma mucho más generalista y global, la Ergonomía es «el proceso de diseño para uso humano».

Actualmente la Asociación Internacional de Ergonomía la define como el «Conjunto de conocimientos científicos aplicados para que el trabajo, los sistemas, productos y ambientes se adapten a las capacidades y limitaciones físicas y mentales de la persona». Igualmente, en la misma línea, la Asociación Española de Ergonomía la considera como «El conjunto de conocimientos de carácter multidisciplinar aplicados para la adecuación de los productos, sistemas y entornos artificiales a las necesidades, limitaciones y características de sus usuarios, optimizando la eficacia, seguridad y bienestar».